HUESCA-ESPAÑA 1936
Lo demandó el Honor y obedecieron;
Lo requirió el Deber y lo acataron;
Con su sangre la empresa rubricaron;
Con su esfuerzo, la Patria redimieron.
Fueron grandes y fuertes, porque fueron
Fieles al juramento que empeñaron.
Por eso, como púgiles lucharon,
Por eso como mártires murieron.
Inmolarse por Dios fue su destino;
Salvar a España, su pasión entera;
Servir al Rey, su vocación y sino.
¡No supieron querer otra Bandera!,
¡No supieron andar otro camino!;
¡No supieron morir de otra manera!.
S:S: PÍO XII
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REVDO. PADRE RAMÓN SARMIENTO
Publicado el jueves 12 octubre 2006 por Fabian
Vazquez
¡ Ave María ! Apreciados amigos:
Como ustedes ya sabrán todos, el día 9 de septiembre, a las 14:10 hora
local, entregaba su alma a Dios el Reverendo Padre Ramón Sarmiento. Desde el 26
de septiembre estaba hospitalizado en una clínica de Moreno, población cercana
a nuestro seminario, debido a un edema pulmonar que le había al mismo tiempo
provocado ciertas molestias en el corazón. Desde ese día, el Padre dejó
definitivamente de decir la Santa Misa y siempre había un seminarista
acompañándolo (cada día se relevaban en tres turnos). Recibió de nuevo la
extremaunción porque se complicó la salud en el momento dado, y casi cada día
(mientras podía) un sacerdote le llevó la comunión. Había por consiguiente
recibido todas las ayudas de nuestra Santa Madre la Iglesia.
Esperemos que el Corazón Inmaculado de María, a quien estaba particularmente
consagrado el Padre Sarmiento, haya velado por esta su alma tan querida.
Monseñor Williamson celebró la misa de funerales,
después de que el cuerpo se velara durante toda la noche en el seminario. El
entierro fue a las 10:30 hora local. Por las fotos podrán apreciar la cantidad
de gente que asistió a esta ceremonia.
Recemos por el eterno descanso de su alma.
Reciban mi bendición sacerdotal. Suyo en los Corazones de Jesús y María,
Padre Jesús Mestre Roc
Adjuntamos algunas fotos del Velatorio y del Sepelio
gracias a la gentileza del P. Mestre Roc
De un fiel
Conocí, traté y fue, además de padre espiritual y pastor, un excelente
amigo. Hombre de Dios, con una cultura muy basta, como muy pocos la tienen. No
puedo ni imaginar el innumerable volumen de sus lecturas. Amante de los
clásicos, lector insaciable, pluma ágil y certera, agudo e ingenioso
conversador, amigo como pocos lo son, amante genuino de la naturaleza. Su
compañía era un verdadero agasajo para el espíritu y el recibir sus cartas nos saturaba
de alegría. Tenía la reciedumbre y la nobleza del hidalgo, la sencillez del
hombre de Dios, la elocuencia de un profeta y la humildad del santo de Asís.
Era un verdadero discípulo de su Maestro: fiel a la Tradición como un roble y
simultáneamente fungía como doctor y como comprensivo pastor de las almas
pecadoras. Era en suma: un sacerdote auténtico de Cristo, en toda la extensión
de su significado. Seguramente, ahora, goza ya del Señor -que muchos méritos
tuvo- y desde ahí, ora e intercede por nosotros y por la Tradición.
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